Por qué te aterra que los demás piensen que eres homosexual

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Este es un post de invitado escrito por Francisco Javier Gutiérrez de www.franciscojaviergutierrez.com

Yo no sé en tu caso, pero el asunto de la masculinidad y la homosexualidad siempre me ha traído de cabeza.
Históricamente existe una creencia en el sistema social que asocia la homosexualidad con la falta de masculinidad.
¿Significa eso que si eres homosexual no eres masculino?
Aún recuerdo, cuando era adolescente, escuchar a Rocío Jurado decir que ella, la más grande, hablaba de sus amigos gays como “mis amigas de pelo corto”.

¿Te ha preocupado alguna vez que los demás creyeran que eras homosexual?

Hoy voy a explicarte por qué la homofobia está en la base de la construcción de la conciencia masculina.
La masculinidad es tu carta de presentación ante la sociedad, es decir es una forma de aprobación homosocial.
Si esto es así, la emoción más destacada de la masculinidad es el miedo.

Repasaré de nuevo contigo cómo, según el modelo de Freud, los hombres llegamos a ser masculinos y heterosexuales.
No es lo mismo orientación sexual que identidad de género:

  • Orientación sexual (heterosexual, homosexual, bisexual)
  • Identidad de género (masculino y femenino)

Freud asocia la orientación sexual con la identidad de género a través del siguiente mecanismo:
En el modelo de Freud, el miedo del poder del padre aterra al muchacho joven llevándolo a renunciar al deseo por su madre y a identificarse con él.

  1. El niño llega a ser masculino al identificarse con su opresor, es decir con su padre.
  2. Esta identificación con su padre le permite comprometerse en relaciones sexuales con mujeres.

La pieza que falta en el modelo de Freud

Pero hay una pieza que falta en este enigma. Una pieza que Freud incluyó pero que no desarrolló: la identificación permanente del niño con la madre.
¿Qué pasa si el niño en esta etapa continúa identificado con su madre, es decir, cuando ve el mundo a través de los ojos de su madre?
Según Michael S. Kimmel, el muchacho cuando se confronta con su padre, durante su gran crisis de la etapa edípica, experimenta una visión dividida.

  • Por un lado el muchacho ve al padre como a él le gustaría verlo, es decir no como un objeto de deseo, sino de emulación porque quiere ser como su padre.
  • Pero por otro lado ve a su padre como su madre ve a su padre, con una combinación de temor, maravilla, terror y deseo.

¿Qué puede hacer con ese deseo homoerótico, ese deseo que sentía porque veía a su padre con los ojos de su madre?
Debe suprimir tal deseo.
Porque el deseo homoerótico es rechazado por los hombres en tanto se considera un deseo femenino, ya que se trata de deseo por otros hombres.

¿Qué es la homofobia, entonces?

La homofobia es el esfuerzo por suprimir el deseo homoerótico.

  • Con esta supresión del deseo homoerótico el hombre siente que las relaciones que tiene con otros hombres, con las mujeres o con los niños, son relaciones puras.
  • De esta manera, también, el hombre se asegura de que nadie pueda confundirlo con un homosexual.

Esta tarea de rechazo homosexual nunca es totalmente exitosa y por eso es constantemente revalidada en cada relación con otros hombres.

Las vidas de la mayoría de los hombres estadounidenses están limitadas y sus intereses son diariamente mutilados por la necesidad constante de probar a sus compañeros, y a sí mismos, que no son afeminados ni homosexuales. Cualquier interés o búsqueda identificada como femenina deviene profundamente sospechosa para los hombres
Geoffrey Gorer (1964).

Aunque no suscribas las ideas psicoanalíticas de Freud, puedes observar que tu padre fue el primer hombre que evaluó tu propia masculinidad.
Tu padre fue el primer par de ojos de varón frente a los cuales el niño que fuiste (y que aún reside dentro de tu psique) trató de probarse a sí mismo.
Esa mirada de aprobación de tu padre continuará después en la mirada de tus amigos, tus profesores y tus compañeros de trabajo.

Recuerdo a mi padre oírle decir que cuando su padre le llamaba y le decía “Ven aquí”, él ya se ponía a llorar, como si el solo hecho de presentarse ante el padre fuera un juicio de su conducta (masculina).
Es una pesadilla de la cual nunca parecemos despertar porque esos otros hombres que nos miran pueden descubrir en cualquier momento que no somos lo que fingimos ser.
Si debo aparentar ser masculino para que me acepten como hombre entonces es que dudo de que realmente lo sea.
El otro día en el metro vi a un chico que llevaba una camiseta con un estampado floral espectacular. La camiseta le quedaba ceñida al cuerpo y mostraba su delgadez y falta de masa muscular. Sin embargo su actitud era como si no le importara la valoración de los otros hombres que había en el vagón. ¿Realmente no le importaba?
¿Qué es la masculinidad entonces?

  • Una valla que nos protege de ser descubiertos como un fraude.
  • Un conjunto exagerado de actividades que impide a los demás ver dentro de nosotros.
  • Un esfuerzo frenético para mantener a raya aquellos miedos que están dentro de nosotros.

Nuestro verdadero temor no es miedo de las mujeres sino de ser avergonzados o humillados delante de otros hombres, o de ser dominados por hombres más fuertes
Leverenz, 1986

El gran secreto de la virilidad

El gran secreto de tu masculinidad es que estás asustado de otros hombres.
Creo que sin una observación consciente de mi propio proceso en la búsqueda de la masculinidad nunca hubiera llegado a la siguiente conclusión:
La homofobia es un principio organizador de nuestra definición cultural de virilidad.
Por esta razón la homofobia no es una actitud relativa a la orientación sexual y que solo puede encontrarse en los hombres y mujeres heterosexuales.
La homofobia como principio organizador de nuestra definición cultural de virilidad se halla dentro de hombres homosexuales y heterosexuales, en cuanto que son hombres.
“La palabra amanerado no tiene nada que ver con la experiencia homosexual o incluso con los miedos por los homosexuales. Sale de las profundidades de la virilidad: una etiqueta de enorme desprecio por alguien que parece afeminado, blando, sensible”
David Leverenz ( 1986)
La homofobia es el miedo a que otros hombres…

  • te desenmascaren
  • te castren
  • te revelen a ti mismo, y al mundo, que no alcanzas los estándares y que no eres un verdadero hombre.

Tenemos el temor de permitir que otros hombres vean ese miedo.
Un hombre no puede tener miedo, un hombre no llora aunque tenga las tripas en la mano, decía mi padre.
Reconocer en nosotros ese miedo nos avergüenza, porque solo el mero reconocimiento es la prueba de que no somos tan varoniles como pretendemos.
Nuestro miedo es el miedo a la humillación.

Los hombres tenemos vergüenza de estar asustados

La vergüenza conduce al silencio.
Quien calla otorga, dice el refrán. Muchas veces me he visto atrapado en el silencio para no expresar mi miedo cuando oigo chistes machistas, o cuando alguien en la oficina ridiculiza a los gays.
Nuestros miedos son la fuente de esos silencios furtivos y pegajosos.
Y ese silencio de los hombres es el que mantiene el sistema.
En privado con nuestras mujeres podemos expresar nuestra comprensión y rechazo hacia esos chistes. Sin embargo somos los primeros en contarlos cuando estamos con otros hombres viendo un partido de fútbol.El miedo de verse como un afeminado domina las definiciones culturales de virilidad.

Esta tarde mientras hacía la compra observaba a dos niños en la frutería. Uno de ellos jugaba inocentemente con las bolsas de plástico de los expendedores, el otro lo observaba con las manos en los bolsillos, recto y muy serio. Tal vez se estaba midiendo con su amiguito en actitud masculina, dentro de una frutería llena de señoras.
Todos recordamos situaciones incómodas en los patios del colegio. Recuerdo una vez que íbamos a jugar a indios y vaqueros. Por supuesto todos los niños queríamos ser vaqueros. Entonces, un chico que llevaba pantalones largos dijo: Aquellos que lleven pantalón corto harán de indios, porque los vaqueros no van por ahí enseñando las piernas. Recuerdo que me sentí humillado por no llevar pantalón largo.
El pantalón es la prenda más sexista que hay. ¿Quién lleva los pantalones en casa?
Responder al insulto de ¡marica! en un patio de colegio es la prueba de masculinidad más dura a la que pueda enfrentarse un niño.
¿Cómo va a demostrar que no es marica o afeminado si precisamente esa verificación solo puede venir de quienes le acusan de serlo?
Es posible que el niño, si no es capaz de pelearse como un hombre con aquel que lo ha acusado, termine llorando y ocultando en casa la humillación recibida ¿Qué pensaría su padre si se lo contase?
Aprendemos en el patio de recreo que la violencia es el indicador más evidente de la virilidad.
Como adolescentes aprendemos que nuestros colegas son un tipo de policía de género que constantemente están amenazando con desenmascararnos como afeminados o como poco hombres.

¿Cómo sabe usted si un hombre es homosexual?

¿Cómo responderías a esa pregunta?
Casi siempre se responde indicando un conjunto de conductas afeminadas:

  • Camina de una determinada manera
  • Habla de cierta forma
  • Es muy emocional
  • Muestra sus sentimientos, etc.

En la película In&Out Kevin Kline lucha por todos sus medios para demostrarse a sí mismo y a todos los conocidos de su pueblo que es heterosexual.
¿Cómo intenta conseguirlo?

  • Quiere tener relaciones prematrimoniales con su novia Emily.
  • Se compra una cassette de autoayuda en la que le indican que a un heterosexual no le invaden unas ganas irrefrenables de bailar cuando escucha I will survive de Gloria Gaynor.
  • Niega a Barbra Streissand como negó Pedro a Jesucristo.

Los hombres para mantener su imagen de heterosexuales buscamos siempre negar los estereotipos originales que definen a los gays.
No nos damos cuenta que de esta manera solo se limitan a negar determinadas normas de conducta como hacía Kevin Kline en In&Out.

  • Nunca se vista de esa manera.
  • Nunca hable o camine de esa forma.
  • Nunca muestre sus sentimientos.

En este sentido el miedo de ser percibido como gay, no como un verdadero hombre, mantiene a todos exagerando las reglas tradicionales de la masculinidad, incluyendo la explotación sexual de mujeres.
La homofobia y el sexismo van de la mano.
Conozco algunos casos de hombres que presumen de ponerle los cuernos a su mujer con la primera que se les pone a tiro y que luego son pareja de cama de uno de mis amigos.
El otro día leí un artículo sobre los hombres heterosexuales que tienen sexo con otros hombres heterosexuales. En otro artículo leí que una de las razones que suelen utilizar para justificarlo es demostrar su heterosexualidad a prueba de bombas, es decir demostrar que son tan heterosexuales que no les importa hacerlo con otros hombres, rechazando cualquier intención homosexual.
Quiero señalar que esta defensa a ultranza de la heterosexualidad no es patrimonio de los heterosexuales.
Este comportamiento nace del hecho de ser hombres con miedo a no parecerlo, no es consecuencia de la orientación sexual.
Dentro de la escena o del ambiente gay, la homofobia es igual, por no decir mayor, que en el ambiente heterosexual.

Los riesgos de la masculinidad

Las consecuencias de ser percibidos como afeminados son enormes, a veces asunto de vida o muerte.
Nos exponemos a grandes riesgos para probar nuestra condición de hombres, con la salud o en los lugares de trabajo.
Ya he hablado de la escena de Las Historias del Kronen en la que algunos chicos se cuelgan de los puentes del Paseo de la Castellana.
Los hombres se suicidan con una frecuencia tres veces mayor que las mujeres.

El psiquiatra Willard Gaylin (1992) explica que eso se debe “invariablemente a la percepción de una humillación social”, con frecuencia ligada al fracaso en los negocios:
Los hombres se deprimen por la pérdida de posición social y de poder en el mundo de los hombres.
No es la pérdida de dinero, o de las ventajas materiales que el dinero puede comprar lo que produce la desesperación que conduce a la autodestrucción.
Es la “vergüenza”, la “humillación”, el sentimiento de “fracaso” personal… Un hombre se desespera cuando ha dejado de ser un hombre entre los hombres.
En un estudio se preguntó a mujeres y hombres qué era lo que más temían.
Mientras las mujeres respondieron que a ser violadas y asesinadas, los hombres contestaron que lo que más les asustaba era ser motivo de risa.
Lo cierto es que no tiene ninguna gracia.

Sanar tu conciencia masculina es el origen de tu bienestar como hombre.

El hecho de que la conciencia masculina pueda cambiar y que esté construida socialmente te ofrece la posibilidad de actuar y reemplazar los caducos paradigmas que ya no te sirven por otros nuevos.
Bienvenido al cambio.
Olvídate de lo que hasta ahora has creído que significaba ser hombre.
Los hombres creamos activamente nuestros mundos y nuestras identidades.
Nadie nos dice qué es lo que tenemos que pensar sobre nuestra masculinidad, salvo otros hombres.
Los hombres podemos cambiar, tanto individual como colectivamente.
¿Estás de acuerdo conmigo?
Te invito a que dejes un comentario.

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